El sentimiento de que un manantial infinito de amor comienza a emanar desde el corazón cuando vemos por primera vez los ojos de nuestro hijo, sentimos sus gemidos, sentimos su olor y acariciamos su manitos, es un sentimiento que nos une a todas las madres independiente de todas las diferencias que podamos tener unas de otras y de las circunstancias que nos acompañen. Es por ello que este momento tan íntimo y tan importante–cuando nace nuestro hijo y cuando volvemos a nacer nosotras- debe ser lo menos intervenido y lo menos estresante o mecánico, al contrario de lo que se vive hoy en los hospitales y clínicas. Es por ello que se lucha tan majaderamente –que los majaderos son otros- porque nadie intervenga un parto y que este sea lo más natural posible. El momento del nacimiento y las horas que le siguen es uno de los momentos más delicados y críticos en la vida de un ser humano, y lo más hermoso es poder sentirlo y vivirlo en la más plena intimidad y con todas las fu...
Alexandra Rovetta | Licenciada en Psicología. Psicoterapia clínica y sistémica. Una perspectiva amplia e integral para comprendernos, comprender el mundo y abrir nuevas posibilidades.