Seria saludable reconocer que la violencia conyugal es muy común, más de lo que creemos. Sobre todo porque no nos referimos sólo a las escenas en las cuales las personas se tiran los platos mutuamente mientras se gritan las peores ofensas. También hay violencia cuando hay desprecio por las necesidades o deseos diferentes, cuando aparecen la humillación o la burla, cuando hay descredito o indiferencia. Estas actitudes pueden herir más que una espada filosa, ahondando la rabia y la furia que los individuos ya traemos de tiempos remotos. La violencia activa o pasiva dentro de una pareja forma parte de un circuito en el cual los niños necesariamente están involucrados. Sean testigos o no de los exabruptos o los golpes, cada conyugue intentara encontrar aliados en los niños. De alguna manera, lograran llevar para su propio territorio emocional el cariño de algunos de sus hijos, quienes pagarán el precio de la alianza con el fin de obtener amor. La descarga de las propias frustracione...
Alexandra Rovetta | Licenciada en Psicología. Psicoterapia clínica y sistémica. Una perspectiva amplia e integral para comprendernos, comprender el mundo y abrir nuevas posibilidades.