Durante mucho tiempo, la precariedad se pensó casi exclusivamente como falta de empleo o insuficiencia de ingresos. Pero hoy esa definición quedó corta. La precariedad contemporánea también aparece cuando una persona trabaja, cobra y cumple con sus obligaciones, pero aun así no logra construir seguridad, autonomía ni futuro. Esa forma de fragilidad se parece menos a la pobreza extrema y más a una vida sostenida al límite, con ingresos que alcanzan para sobrevivir pero no para proyectarse. La novedad es importante: no toda vulnerabilidad económica se expresa como desempleo. Puede existir precariedad incluso con trabajo formal o ingresos relativamente constantes si esos recursos no permiten ahorrar, resistir imprevistos o sostener decisiones de largo plazo. En ese sentido, la cuestión no es solo cuánto dinero entra, sino cuánto control real brinda ese dinero sobre la vida cotidiana y el porvenir. Ingreso no es lo mismo que seguridad Cobrar todos los meses no equivale a vivir con ...
Lic. en Psicología Alexandra Rovetta | Psicoterapia clínica y sistémica. Acompañamiento en procesos de cambio, gestión del malestar, conflictos relacionales y desarrollo de la autonomía personal. Sesiones online y presenciales.