Cuando son pequeños los niños responden a esta pregunta con total soltura y espontaneidad propia de la edad: “quiero ser domadora de delfines”, “astronauta”, “actriz”, “mecánico de autos”, “famoso”, “arrancándonos sonrisas y cometarios risueños. Pero a medida que va creciendo definir la vocación se torna una presión que en la adolescencia hace eclosión ya que pareciera ser que al terminar la escuela tenemos que saber a qué queremos dedicarnos el resto de nuestra vida. Cuando las expectativas familiares no pueden ser cumplidas, generalmente surgen los conflictos. Y la pregunta “¿Qué querés ser cuando seas grande?” se transforma en: “¿de qué vas a vivir? “ “si no sabes idiomas no vas a conseguir un buen trabajo”, “si solo te destacas en el arte te vas a morir de hambre”, etc. Lo que los padres no tomamos en cuenta es lo difícil que es saber qué queremos si no hemos aprendido a conectarnos con nosotros mismos. Cada vez nos consultan más jóvenes, que pese a estar bien prep...
Alexandra Rovetta | Licenciada en Psicología. Psicoterapia clínica y sistémica. Una perspectiva amplia e integral para comprendernos, comprender el mundo y abrir nuevas posibilidades.