La muerte de una persona puede producir una reacción emocional intensa incluso cuando no formaba parte de nuestro círculo íntimo. Puede tratarse de un artista, un deportista, un escritor o un referente político o cultural, pero también de una tragedia, un desastre o cualquier acontecimiento que impacte de manera significativa en una comunidad. En todos esos casos aparece una experiencia que no siempre es fácil de nombrar con precisión: una pérdida que deja de ser solo individual y pasa a vivirse, también, como una pérdida compartida. La pregunta que surge entonces es bastante comprensible: ¿qué ocurre cuando lloramos a alguien que no conocimos personalmente, o cuando una comunidad entera parece atravesar un mismo dolor? Para responderla, conviene ampliar un poco la manera tradicional de pensar el duelo. La pérdida no se limita a los vínculos privados. Todos nosotros también establecemos relaciones simbólicas con personas, acontecimientos, lugares y representaciones culturales que forma...
Alexandra Rovetta | Licenciada en Psicología. Psicoterapia clínica y sistémica. Una perspectiva amplia e integral para comprendernos, comprender el mundo y abrir nuevas posibilidades.