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Los peligros del sharenting: ¡deja de contar mi vida en las redes!



Todas conocemos a esa persona que comparte todos los detalles de la vida de sus hijos en las redes. ¿Qué consecuencias psicológicas tiene para los niños?

Cada vez son las madres o padres que, con frecuencia, comparten en las redes sociales fotos de sus hijos, acompañadas de anécdotas, historias o dudas sobre cómo actuar en alguna situación (introducción de alimentos, hábitos de sueño, retirada del pañal, rabietas, deberes, etc.). La relativa novedad de la presencia de las redes sociales en nuestras vidas favorece que muchos adultos no se hayan parado a reflexionar sobre todo lo que implica compartir imágenes o detalles de la vida de los menores en las redes sociales.

En algunos casos esto se hace con una finalidad altruista: madres de hijos con una enfermedad rara o un trastorno como el autismo que van relatando los retos a los que se enfrentan cada día, compartiendo recursos que pueden ser útiles a otras familias o incluso a profesionales. O madres que comparten imágenes de aspectos como la lactancia prolongada o la educación en casa para visibilizar esas realidades aún poco conocidas.

Sharenting: padres que comparten la vida de sus hijos en las redes
Yendo bastante más lejos, hay progenitores que mantienen un canal en YouTube donde muestran la vida cotidiana de su familia, desde cómo despiertan a sus hijos por las mañanas, el desayuno que les preparan, la salida del colegio, el viaje del fin de semana o la fiesta de cumpleaños. Parece que todo vale, puesto que algunas de estas madres o padres acumulan miles de seguidores en las redes y encima venden un mensaje de crianza con apego, respeto, alimentación saludable o lo que sea, mientras acumulan seguidores y beneficios…

Poco o nada se habla de la cantidad de problemas que plantea el sharenting, término acuñado en inglés como combinación de “share” y “parenting” para referirse a: “la práctica de los padres de usar las redes sociales para comunicar abundante y detallada información sobre sus hijos”.

Stacey Steinberg abogada y profesora en la Universidad de Florida lleva tiempo investigando este delicado asunto. Advierte para empezar de los riesgos que conlleva facilitar información a desconocidos en las redes: hay familias que han descubierto con consternación que fotos de sus hijos de dos años circulaban en redes pedófilas o que otras personas las usaban en sus perfiles de Facebook como si fueran sus propios hijos, en lo que se ha llamado “secuestro digital”.

Aunque el sharenting puede tener algunos beneficios para las familias a menudo hay un importante conflicto de intereses entre los padres y los hijos. Los adultos pueden estar más preocupados por su popularidad, vanidad e incluso ganancias económicas derivadas de las redes, blogs y video blogs.

Las consecuencias de crecer sin intimidad
Por el contrario, el derecho a la intimidad y privacidad de los menores no se suele tener en cuenta, aunque según esta autora es previsible que conforme estos menores lleguen a la edad adulta comienzan a presentar denuncias y demandas exigiendo por un lado que se elimine la huella que sus padres han dejado en las redes con su identidad y por otro lado que se les repare el daño causado.

Más allá de los complejos aspectos legales debemos preguntarnos sobre las consecuencias psicológicas que tendrá crecer con la vida privada y familiar expuesta en las redes sociales.

¿Cómo construirán su identidad estos menores?
¿Cómo gestionarán los conflictos con sus madres y padres sabiendo que estos a menudo lo comparten en las redes y por lo tanto todo su entorno lo puede ver o saber?
¿Quién les puede proteger si la persona que les sobre expone cotidianamente en la red es su madre o padre?
Lo que se anticipaba en la ya clásica película “El show de Truman”, donde la vida de Truman, personaje interpretado por un atormentado Jim Carrey era transmitida en directo a miles de personas por televisión, en cierto sentido ya está sucediendo. Hay menores cuyo nacimiento ha sido seguido casi en directo en las redes, y que están creciendo en un hogar donde domina la exposición mediática.

Poco sabemos sobre cómo se sienten estos menores por más que sus padres nos los muestren más o menos sonrientes o parlanchines. Pero, si nos ponemos en su lugar e imaginamos cómo nos estresaría a la mayoría de los adultos ver nuestra intimidad compartida en la red cotidianamente, nos basta para intuir que lo que encierran esas vidas mediáticas en el caso de los más pequeños puede ser una dramática indefensión.

Por ellos y por su derecho a una infancia saludable y privada debemos promover una reflexión colectiva y una legislación eficaz sobre el uso de las redes sociales por parte de los progenitores.

Extraído de www.mentesana.es





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