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Cuando no ha sido como esperabas.



Cuando estamos embarazadas, siempre y cuando vaya bien, estamos en un estado de felicidad (yo decía que era mi estado natural xD) en el que somos el centro de las conversaciones, todo el mundo nos felicita y nos da sus “mejores” consejos. Tenemos un brillo especial en la cara, el pelo, la ropa nos sienta genial con la tripita y el segundo trimestre sin naúseas y pocas molestias es maravilloso.

También nos entra el miedo y desconfiamos de nuestra capacidad para cuidar al bebé aunque sea una capacidad innata y de la que no deberíamos dudar pues sino la especie humana ya se habría extinguido.

La expectativa deseada suele ser un bebé sano, que come y duerme, que llora poco… y nos imaginamos disfrutando de su compañía.

Pero a veces la realidad es distinta: bebé prematuro, cesárea, parto intervenido, separación al nacer, enfermedad rara… O pasa que el parto ha ido fenomenal pero cuidar de un bebé no es lo que esperábamos y nos sentimos mal por sentirnos así.

En estos casos es necesario pasar por un proceso de elaboración del duelo. Unos lo pasarán antes y otros incluso años después. En primer lugar sentirán negación y rechazo, después culpa, ira y rabia, depresión y llanto; para finalmente aceptar la situación.

Pero veamos qué podemos hacer para volver a vincularnos con nuestro bebé.

El habitat del bebé

Según el Doctor Nils Bergman “el hábitat del bebé es su madre y para el bebé nada tiene sentido si no es desde el punto de vista de la madre. En contacto con ella desde el nacimiento, encuentra todo lo que necesita: calor, nutrición, protección” En el útero tenía satisfechas sus necesidades pero fuera de el somos nosotras las que lo hacemos.

En el momento del nacimiento el bebé está en el mayor nivel de consciencia de toda su vida y espera ir a su habitat. “Lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”.

¿Pero qué podemos hacer si ha habido separación? ¿es tarde para establecer el vínculo afectivo?

Herramientas del contacto

La resiliencia es la capacidad humana que tenemos para adaptarnos a situaciones traumáticas para poder seguir adelante. Es una respuesta natural, normal y frecuente del ser humano.

Podemos sobreponernos a una realidad no esperada y seguir hacia delante vinculándonos con nuestro bebé mediante el contacto:

Tacto nutritivo a través del masaje infantil: es relajante para el bebé y sus padres y favorece la interacción y el apego seguro entre ambos. Ayuda al conocimiento mutuo, le aporta seguridad al bebé y se establece una relación de comunicación fluida. Es un momento de tranquilidad, sin prisas, en el que le muestras a tu bebé que estás con él.

Porteo: llevar a tu bebé en brazos te ayuda a conocerle antes y a reconocer sus señales para satisfacer sus necesidades inmediatamente. Así tu bebé está tranquilo y seguro y tu sientes “que lo estás haciendo bien” y aumentando tu autoestima como madre/padre. Además el porteo te facilita seguir con tu rutina sin dejar “aparcado” a tu bebé y le hacemos formar parte del día a día.

Lactancia materna: es un momento íntimo entre la madre y su bebé, ambos cuerpos se conectan y se establece un vínculo muy especial. No sólo se trata de alimento, que sería el 10%, el otro 90% son caricias, calor, miradas, seguridad, tranquilidad… Les ayuda a conciliar el sueño y a calmar el dolor. Para el bebé es vinculación y para la madre sensibilización hacia él que le hace ser mejor cuidadora. Con la succión el bebé reprograma el cerebro de la madre para que cubra sus necesidades: lo llena de oxitocina y dopamina bajando los niveles de cortisol.
Contar tu experiencia, lo que sentiste y viviste también ayuda a sanar el pasado y centrarte en tu presente, tu bebé. Acude a grupos de crianza, de lactancia, rodéate de una tribu de mamás y papás donde compartir, reír y llorar.

Empiezo contándote mi experiencia.

Mi experiencia

“Nos separaron al nacer. Realmente desde el momento que me pusieron la epidural como que me desconecté del parto y recuerdo que cuando me dijeron que las aguas estaban verdes y que seguramente te tendrían que llevar a aspirarte el meconio a otra sala me dio como igual pues en mi expectativa no cabía esa posibilidad. Yo te había imaginado reptando hacia mi pecho con los ojos bien abiertos y yo y tu padre llorando de alegría y emoción.

Pero no sucedió así. Estuviste 15 minutos en la sala de al lado y después sólo pude cogerte durante 10 segundos y darte un beso antes de que te llevaran a neonatología a observación.

Luego en planta estuve 6 horas hasta que se me despertaron las piernas y vinieron a vernos mi familia y me miraba la tripa y era como si no hubiera pasado nada, sabía que estabas en la planta de abajo pero algo me impedía pedir una silla de ruedas para bajar a verte inmediatamente.

Cuando por fin bajamos y te vimos en la incubadora dormidita y con cables no me parecía que eras tu. Aún veo las fotos y me pareces otro bebé.

Me pasaba el día contigo en neonatología y mucho rato en la sala de sacaleches estimulándome para que subiera la leche.

El día que me dieron el alta y fuimos a casa sin ti se nos partió el corazón en dos. Lo mejor fue que descansaba por la noche pero hubiera preferido despertarme mil veces a darte el pecho.

Al cuarto día por fin te enganchaste al pecho y sentí la misma sensación que cuando saliste de mi, el mismo subidón, igual de colorada me puse y te miré y te reconocí. Para mi ese fue nuestro momento de reconexión.

A los 3 días llegaría tu alta y nos fuimos a casa a seguir con nuestra lactancia, a pasar los días tumbadas en el sofá (hasta que descubrimos el porteo xD) y a recuperar el tiempo perdido.

Ahora hubiera hecho las cosas de otra forma y me arrepentí mucho tiempo de decisiones que tomé pero con el tiempo lo acepté y seguí hacia delante.

Sin duda la mejor medicina fue el contacto y pasar todo el tiempo posible con mi hija.”

Irantzu

Extraído de http://www.portakanguritos.com

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