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¿Jugar o no con nuestros hijos?

Por Claudia Díaz y Carmen Granados, con la colaboración de Elena Ferro.
Las dinámicas familiares han cambiado radicalmente en las últimas dos generaciones y desde que la mujer se ha incorporado de lleno al mundo laboral, las campañas que nos invitan a jugar con nuestros hijos han ido creciendo, como si jugar con ellos fuera una obligación o una fórmula para redimir consciencias o un método para compensar el tiempo que, por los motivos que sea, no estamos con ellos.

Probablemente, jugar con nuestros hijos sea una manera fácil de acercarnos a ellos y de pasar un buen rato pero creemos que la clave está en saber separar muy bien nuestras necesidades de las de los niños y niñas. 

La necesidad de un niño o una niña es jugar, es vital, tan necesario como comer o dormir, por eso, siempre que pueden juegan; ahora bien, jugar con adultos o con niños es muy diferente, al jugar con sus iguales pueden y deben aprender normas de juego y de relación y tienen más posibilidades de ser ellos mismos y explayar el juego a su máxima dimensión. Cuando un niño juega a espadas con un amigo, los dos sabrán cómo y cuándo hay que caer, que gritar, que esconderse…. Si preguntáis a un niño con quién prefiere jugar, casi siempre elegirá a otro niño o niña.

Los adultos también somos capaces de jugar con ellos, pero en muy pocas ocasiones bajamos a su nivel para permitir que sean ellos los que dirijan el juego, nos cuesta entregarnos al 100%. Muy probablemente acabaremos imponiendo nuestras normas y decidiremos el momento en el que hay que acabar, porque otras tareas (cena, lavadoras, compra…) están ocupando nuestra mente desde que empezamos a jugar. Por este y otros motivos, es muy frecuente que un juego entre adultos y niños acabe en enfado.  En cambio, cuando los niños se enfadan con sus amigos todo es mucho más liviano, mucho menos transcendental. 

Otra cosa que suele ocurrirnos con frecuencia es que jugamos sin ganas, nos comemos la sopa de piedras que nos han servido mientras estamos pensando que estar sentado en la sillita mini del Ikea es muy incómodo y pedimos que nos sirvan el segundo plato, los postres y el café al mismo tiempo, para acabar rápido con el juego. 

Que esto nos ocurra no debería preocuparnos, es bastante natural, nosotros somos adultos, ya hemos jugado a espadas, caballeros y cocinitas miles de veces y no tener ganas de ese tipo de juegos es 
natural y normal. 

Los que hoy somos padres seguramente no recordamos haber jugando con nuestros padres cuando éramos niños, pero en cambio, tenemos un bagaje importante de juego con nuestros hermanos, primos, amigos, vecinos, etc.
 
Quizás la reflexión que debamos hacernos está justamente aquí, en observarnos como padres y darnos cuenta de que involuntariamente, les estamos robando el placer de jugar con sus iguales y a cambio están recibiendo algo mucho menos rico.

Nuestro deber como padres es facilitar el juego libre de nuestros niños y niñas, una actividad que tiene múltiples beneficios y que es sumamente importante, y a partir de cierta edad, debemos facilitar también que se encuentren sin vigilancia adulta con sus amigos y darles libertad y tiempo para que, en definitiva, puedan ser niños y niñas. 

¿Y nosotros? Pues nosotros también tenemos derecho a jugar, a mantener vivo el espíritu del juego, pero para ello no es necesario tomar sopas de arena cada día.

Cambiar las dinámicas familiares no siempre es fácil, las campañas publicitarias e incluso de profesionales recomendando jugar con nuestros hijos nos ponen una fuerte presión, pero Jugar con ellos es una decisión que en todo caso debería estar libre de juicios. No querer jugar nunca debería crearnos un sentimiento de culpabilidad.

Compartir tiempo con nuestros niños y niñas es muy importante, pero hay muchas maneras más naturales, que nos saldrán del corazón y que nos permitirán conectar con ellos:  Cocinar, escucharlos, explicarles cómo nos sentimos, contarles cuentos,  hacer excursiones que nos permitan vivir experiencias juntos o regalarles historias de nuestras propia infancia es algo que les encanta y todo eso formará parte de sus recuerdos y les dará la base y concepto del significado de la palabra familia.

Fuente: Alaya - Difundiendo ideas

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