Ir al contenido principal

¿Cuándo ir al psicólogo? por Paulina Sallés





Aunque no nos demos cuenta, día a día la vida nos presiona al cambio. A cada momento estamos tomando decisiones, aunque muchas veces lo hacemos de manera inconsciente y guiados por el repertorio de experiencias que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra historia, sin siquiera pensar en cómo lo estamos haciendo.

Sin embargo, llega un momento en que una situación particular, una condición o una etapa de la vida, genera sensaciones o síntomas desagradables o, simplemente nos hace percibir que no contamos con los recursos disponibles para enfrentarla.



Cuando sentimos que ya no podemos controlar una situación es bueno ir al psicólogo.

Muchas pueden ser las situaciones que nos lleven a este estado. Dificultades en el trabajo, problemas de pareja, familiares, económicos, duelos, e incluso cambios deseados e interpretados como positivos que generan expectativas, ansiedades y temores que nos hacen pensar que no seremos capaces de enfrentarlos adecuadamente, como por ejemplo, un ascenso laboral o la llegada de un hijo.

Cuando estas condiciones se acompañan de angustia, tristeza, apatía, rabia, desmotivación, miedo u otras emociones y éstas impiden disfrutar los aspectos buenos de la vida, es momento de plantearse si es posible superar este estado en un tiempo prudente, o si es necesario acudir a un psicólogo que, a partir de sus herramientas profesionales, pueda ayudarle a comprender la situación y generar las condiciones para sobreponerse.

Muchas personas piensan que ir al psicólogo implica asumir la incapacidad de solucionar los problemas por sí mismos y es en este punto en el que quiero hacer una distinción importante. Como psicóloga, estoy absolutamente convencida de que las personas tenemos el potencial de auto-sanarnos, sin embargo, cuando estamos muy confundidos y ya nos hemos dejado atrapar por pensamientos y emociones que nos desgastan y nos hacen perder el poder de autogestionarnos, es de mucha utilidad contar con la ayuda de alguien, con conocimientos y formación terapéutica, que pueda mirarnos desde otra perspectiva y ayudarnos a comprender dónde y cómo perdimos el manejo de nuestras vidas.

Los psicólogos podemos, a partir del establecimiento de un vínculo diferente a la amistad y probablemente a cualquier otro lazo que las personas formemos, entrar con respeto y con curiosidad en la historia de quien necesita nuestra ayuda para actuar como un facilitador del proceso de cambio. De este modo es posible recorrer comprensivamente los caminos que originaron el sufrimiento y construir sendas nuevas que lleven a la solución y a un modo más generativo de vivir la vida, estando acompañado y sintiéndose contenido.

En mi rol de psicóloga, subrayo el tema del respeto y la curiosidad, más allá de la comprensión de la persona a partir de las teorías que hemos estudiado. Estas deben estar puestas como telón de fondo, para guiar en parte nuestra búsqueda, pues cada persona es un mundo y, en ese sentido, nadie cabe en un modelo o enfoque de psicoterapia. Las teorías están al servicio de la comprensión de las personas y no al revés.

Cabe señalar también que un psicólogo no es un consejero que va a indicarle el modo en que usted debe solucionar sus problemas y gestionar su vida. Tal como expliqué con anterioridad, su rol es el de un “facilitador” o el de un “perturbador”, que a través de preguntas e interpretaciones planteadas como sugerencias y que son guiadas de manera estratégica, puede llevarlo a descubrir en usted mismo la solución de sus problemas y ayudarlo a desarrollar su potencial.


Cuando estamos muy confundidos es de mucha utilidad contar con la ayuda de alguien.

Por otra parte, se puede acudir al psicólogo también en aquellos casos en que uno no siente que tenga grandes problemas, pero se encuentra en un momento de la vida en que quiere iniciar un camino de autoconocimiento, ya sea para superar viejas heridas, para comprender algo de su historia, de su presente o para orientar su futuro en general o en un área específica.

Es importante destacar que no todos los psicólogos son iguales ni trabajan del mismo modo. Tanto las características personales, como el modelo desde el cual trabajan y su estilo de hacer psicoterapia influyen en la calidad del vínculo y en la capacidad que tengan de ayudar o no a la persona que lo solicita.

De acuerdo a lo anterior, entonces, antes de comenzar una psicoterapia es muy importante elegir un psicólogo con el que existan más posibilidades de tener un buen proceso terapéutico

Por consultas comunicarse al 091 660 517
Psicointegralurugay@gmail.com
Lic. Alexandra Rovetta

Capaz te Interesa conocer más sobre los Servicios Asistenciales 

Entradas populares de este blog

Psicoterapia en tiempos de sobreinformación

La psicoterapia es, ante todo, un espacio de transformación. No es solo un conjunto de técnicas ni un intercambio de consejos, sino un proceso profundamente humano donde la palabra y la escucha se convierten en herramientas de cambio. En un mundo saturado de información, donde las respuestas rápidas abundan y la introspección se ve reemplazada por algoritmos, detenerse a pensar junto a otro se vuelve un acto revolucionario. Desde mi experiencia clínica, he acompañado a muchas personas en ese tránsito entre la confusión y la claridad, entre el dolor y la posibilidad de resignificarlo. Porque el malestar, muchas veces, no es solo lo que se siente, sino lo que aún no ha sido comprendido. Y en esa búsqueda, la terapia ofrece algo que no puede ser reemplazado por libros de autoayuda ni por inteligencia artificial: una relación real, un otro que escucha y devuelve una mirada nueva sobre aquello que parecía un callejón sin salida. El valor de la terapia uno a uno En un tiempo donde la i...

El Amor en la Encrucijada del Siglo XXI

Las relaciones amorosas en el año 2025 se encuentran en un punto de inflexión, experimentando una transformación profunda impulsada por la confluencia de cambios sociales, tecnológicos y culturales. Esta evolución no es meramente una adaptación superficial a los tiempos modernos, sino una reevaluación fundamental de lo que implica una "relación", trascendiendo los modelos tradicionales y rígidos. La rápida aceleración tecnológica, la constante evolución de las normas sociales y las presiones económicas están configurando un período sin precedentes de fluidez y redefinición en los vínculos íntimos. Este panorama exige una comprensión matizada de cómo los individuos navegan la intimidad en un mundo cada vez más complejo y digitalizado. Redefiniendo el Vínculo: Autenticidad , Compromiso y Nuevas Expectativas Las relaciones en 2025 están fuertemente influenciadas por una búsqueda de mayor autenticidad, honestidad y conexiones genuinas. Este énfasis surge como una respuesta direc...

Los arquetipos animus, ánima

La polaridad universal entre el principio masculino y el femenino tiene lugar también dentro de cada hombre y cada mujer. Somos la unión de un óvulo y un espermatozoide, tenemos hormonas masculinas y femeninas, lo que significa que tenemos acceso a un amplio abanico de energías masculinas y femeninas. El animus y el ánima son arquetipos internos o representaciones inconscientes. Jung, psiquiatra visionario cuya obra mantiene hoy una extraordinaria vigencia, denominó animus a la parte masculina de la psique de la mujer, y ánima a las cualidades femeninas de la psique del hombre. La polaridad masculina implica movimiento, es la acción de engendrar, de penetrar, la capacidad de explorar el mundo y de ir en busca de lo que se quiere. Es la iniciativa, la lógica, la mente. La polaridad femenina es la capacidad de entrega y de receptividad, la ternura, fecundidad, contemplación e intuición. El cuerpo frente al espíritu. El trabajo de integración de ambas polaridades se denomina «matr...