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¿Qué aprenden los niños cuando los mandamos al rincón o silla de pensar? por Louma Sader Bujana


He escuchado varias veces de boca de diversos padres que el time-out, o silla de pensar es una forma de castigo "menos dañina", más amigable, etc. con el niño. No estoy de acuerdo con ello, de hecho estoy en contra del castigo per se y creo que lo que buscamos los padres es enseñar a nuestros hijos que lo que han hecho es indebido, o tiene consecuencias indeseadas, dañinas, o simplemente no estamos de acuerdo con ello.



¿Y qué aprende un niño cuando se le invita al rincón o silla de pensar? Pues lo recuerdo muy claramente de mi infancia, y  Alfie Kohn lo ilustra a la perfección - además que resulta hasta gracioso que alguna vez se nos haya pasado por la mente que el niño castigado en el rincón de pensar fuera realmente a reflexionar acerca de sus actos y volver del time-out habiendo "aprendido una lección".





Alfie Kohn nos explica :


Digamos que una niña patea a su hermana, que le da muy duro y la hace llorar, y le decimos "necesitas irte al rincón de pensar. Necesitas ir a tu habitación a pensar acerca de lo que acabas de hacer".

Observemos entonces qué puede estar pensando esa niña cuando está sentada en su habitación [durante su time-out], ¿qué pasa por su cabeza? ¿Estará pensando: "¡Ah! Ahora comprendo que hacerle daño a la gente está mal"?
Es literal e irrisoriamente improbable, ¿por qué entonces se nos ocurre hacerlo? ¿qué pasa por su cabeza?
"Odio a mi hermana", "mis padres son horribles", "no sólo odio a mi hermana, sino que fíjense cómo voy a volver a darle cuando mamá no esté mirando", ¿algo más? Nada de lo que está pasando por su mente puede ser de ayuda alguna porque el castigo no enfoca la atención del niño en lo que pueda haber hecho, por qué estuvo mal hacerlo, qué otra cosa hubiera sido mejor hacer, les enfoca básicamente en procurar evitar un futuro castigo.
[y les decimos]: "¡Hey! Que no te vuelva a pillar haciendo eso otra vez", y ella piensa "vale, pues a la próxima no me pillarás".




Pensemos con la cabeza fría, porque si nos ponemos a ver, a primera vista el time-out puede parecer algo menos violento que un castigo físico, pero si miramos más allá nos damos cuenta de que conlleva humillación, ignora los sentimientos del niño, no busca realmente las causas, les enseña (probablemente sin querer) a aislarse cuando tienen un problema en lugar de "juntarnos" o hacer time-in, dialogando las cosas hasta encontrar una solución. El tiempo fuera no resuelve nada, enseña al niño a no expresarse, a buscar maneras de volver a hacer lo mismo sin que lo pillen y disminuye su autoestima.

Por otra parte, yo sí encuentro violencia en el time-out, aunque no sea violencia física, creo que es violencia psicológica. Muchas veces el niño llora durante toda la duración del tiempo fuera y todos - o al menos casi todos - conocemos las consecuencias a largo plazo de dejar llorar a los niños, del llanto no consolado en general.

Cabe preguntarnos, ¿les estamos enseñando empatía a nuestros hijos cuando les tratamos así? ¿Qué sentiríamos nosotros si ante un problema, disgusto o comportamiento que desagrada a nuestra pareja nos tratara de esta manera? ¿Y si hiciéramos algo desagradable a nuestros hijos y nos mandaran ellos al rincón de pensar?

Me da una sensación de bullying, así de simple. ¿Y qué tiene que ver con el bullying? Pues que en cierto modo es un abuso de poder, vemos a una persona "grande" de la cual depende enteramente la persona "pequeña", indicarle retirarse del espacio que están compartiendo. ¿Y qué va a sentir ese niño en esa situación? Pues tristeza, abandono, frustración, ganas de vengarse, de volverlo a hacer y que no le pillen, como bien comenta Alfie, de "perfeccionar" la táctica en lugar de dejar de hacer lo que "estuvo mal".

¿No sería más simple y más sano sentarnos juntos a hablar las cosas? Publiqué hace unos meses atrás un artículo sobre Felipe Lecannelier que habla justamente de esto. Pueden verlo, junto con mis reflexiones al respecto, en este enlace.

Los niños repiten muchas cosas porque aprenden imitándonos y muchas veces escapan de nuestra boca palabras que jamás nos hubiéramos creído capaces de pronunciar. Muchas de éstas pasan desapercibidas hasta que un hijo las repite. Benditos espejos son nuestros hijos, benditos maestros con infinito amor y paciencia que nos enseñan a volver a nuestra esencia :D

A propósito: no dejen de leer el excelente artículo que ha escrito Laura Mascaró acerca de la silla de pensar y de cuán absurdo es pedirle a un niño que piense, considerando y dándole a entender que pensar puede ser un castigo... 

Aún queda mucho que decir en torno al tema de la crianza no punitiva, muy pronto publicaré más al respecto. Esta vez buscando soluciones constructivas, compasivas y por supuestísimo: respetuosas con el niño :)

¿Ustedes qué opinan? ¿Practican el rincón de pensar con sus hijos? ¿Sus padres lo hacían con ustedes? ¿Qué sentían en esos momentos? 


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