Ir al contenido principal

El niño interior herido desde la Descodificación Biológica

 


Nuestro niño interior es nuestro ser verdadero, la versión más auténtica de nosotros mismos. Con el tiempo, hemos ido cubriéndolo de máscaras y vestiduras, para que no se vea. Para que nadie lo descubra. Y a larga, quizá, nos hemos olvidado de él.

Sin embargo, está allí dentro nuestro, y puede estar herido sin que nos demos cuenta. En general, un niño interior herido ha sentido una pérdida o una falta en la infancia, y no la ha podido recuperar.

El niño interior es un concepto nacido de la terapia gestalt. Para la gestalt, el niño interior es la estructura psicológica más vulnerable y sensible de nuestro “yo”. Se forma fundamentalmente a partir de las experiencias, tanto positivas como negativas, que tenemos durante los primeros años de la infancia. Dependiendo del tipo de experiencias y de cómo las interiorizamos, el niño interior puede ser una “personita” alegre, optimista y sensible o por el contrario, alguien temeroso de la vida, enfurruñado e irascible.

La Descodificación Biológica, entendida como terapia integrativa y complementaria, acompaña al consultante a encontrar el origen, ese trauma reprimido que quedó codificado en el cuerpo, en la biología de la persona. Allí quedó anclado nuestro niño con su herida, esa necesidad sin cubrir, en una situación inesperada, dramática, vivida en soledad interior, sin poder nombrar el impacto que tuvo esta vivencia en el cuerpo y sin poder hablar de lo sentido interiormente, de la captación psicológica y emocional.

De niños vivenciamos cualquier situación con una intensidad de “altas profundidades”, considerando que las herramientas y recursos emocionales no están del todo disponibles para resolver. Entonces, si el niño no lo hace, ¿quién?  Lo hace su propio organismo. El cuerpo acude a ayudar a ese niño en esa vivencia dolorosa para él, para su supervivencia, función principal del cerebro primitivo.

Esa experiencia traumática no solo queda anclada en el inconsciente del individuo sino también en sus células, y el niño queda allí como congelado en su dolor. Ese niño interior herido se encuentra solo y regresa casi a diario, con la intención de ser visto, escuchado sin juzgar y abrazado por su propio adulto de amor, quien será su referente y el encargado de cubrir aquella necesidad pendiente.

Durante la sesión de descodificación biológica y el análisis de ese niño interior herido que algunas personas llevan en su interior, promuevo ese encuentro único y particular en el mundo del consultante, quien, al cierre de la consulta ya tomó el mando y se hizo cargo de su niño interior, liberándolo y así permitiendo su crecimiento e integración.

Suelo sentir y nombrar que los terapeutas en descodificación biológica somos “los traductores del idioma del cuerpo”, el cual nos cuenta cómo el consultante vivió lo que vivió, qué le pasó con ello, y allí vamos en busca de esas sensaciones corporales, sin evitarlas, hasta sentir el alivio merecido.

El protagonista de la transformación es el adulto de amor, que llega con su síntoma, molestia, malestar o conflicto de cualquier tipo: cotidiano, de repetición, físico, comportamental, filosófico existencial, etc. En todos ellos está allí solito el niño interior con su herida esperando a ser rescatado. Esa herida “a curar, sanar, simbolizar, vaciar, hacer consciente, etc.” se manifiesta a diario. Lo hace de muchas y variadas maneras intentando mostrar su herida y su necesidad, lo que le duele y lo que le pide a su adulto.

Lo que él hace es manifestarse a su manera, buscando una solución, pidiendo cubrir eso que le faltó.


¿Y qué fue lo que le faltó?


Todo y de todo, pero cada niño tuvo una carencia particular y cada niño es parte del interior de la persona: el niño con herida de abandono, el niño con herida de amor, el niño con herida de falta de información, falta de identidad, de la pérdida, la herida del rechazo, herida de la injusticia, herida de agresión, herida de falta de contacto, herida de falta de comunicación, herida de miedo por detrás, herida de abusos, herida de falta total de referentes, herida de carencia de alegría, alimento real y/o emocional.


A través del proceso en descodificación biológica, el consultante trasciende la herida y ese viejo código de dolor se reemplaza por el nuevo código. Es muy particular y personal, es el recurso propio. 


Claudia Scarinci

Entradas populares de este blog

Psicoterapia en tiempos de sobreinformación

La psicoterapia es, ante todo, un espacio de transformación. No es solo un conjunto de técnicas ni un intercambio de consejos, sino un proceso profundamente humano donde la palabra y la escucha se convierten en herramientas de cambio. En un mundo saturado de información, donde las respuestas rápidas abundan y la introspección se ve reemplazada por algoritmos, detenerse a pensar junto a otro se vuelve un acto revolucionario. Desde mi experiencia clínica, he acompañado a muchas personas en ese tránsito entre la confusión y la claridad, entre el dolor y la posibilidad de resignificarlo. Porque el malestar, muchas veces, no es solo lo que se siente, sino lo que aún no ha sido comprendido. Y en esa búsqueda, la terapia ofrece algo que no puede ser reemplazado por libros de autoayuda ni por inteligencia artificial: una relación real, un otro que escucha y devuelve una mirada nueva sobre aquello que parecía un callejón sin salida. El valor de la terapia uno a uno En un tiempo donde la i...

El Amor en la Encrucijada del Siglo XXI

Las relaciones amorosas en el año 2025 se encuentran en un punto de inflexión, experimentando una transformación profunda impulsada por la confluencia de cambios sociales, tecnológicos y culturales. Esta evolución no es meramente una adaptación superficial a los tiempos modernos, sino una reevaluación fundamental de lo que implica una "relación", trascendiendo los modelos tradicionales y rígidos. La rápida aceleración tecnológica, la constante evolución de las normas sociales y las presiones económicas están configurando un período sin precedentes de fluidez y redefinición en los vínculos íntimos. Este panorama exige una comprensión matizada de cómo los individuos navegan la intimidad en un mundo cada vez más complejo y digitalizado. Redefiniendo el Vínculo: Autenticidad , Compromiso y Nuevas Expectativas Las relaciones en 2025 están fuertemente influenciadas por una búsqueda de mayor autenticidad, honestidad y conexiones genuinas. Este énfasis surge como una respuesta direc...

Los arquetipos animus, ánima

La polaridad universal entre el principio masculino y el femenino tiene lugar también dentro de cada hombre y cada mujer. Somos la unión de un óvulo y un espermatozoide, tenemos hormonas masculinas y femeninas, lo que significa que tenemos acceso a un amplio abanico de energías masculinas y femeninas. El animus y el ánima son arquetipos internos o representaciones inconscientes. Jung, psiquiatra visionario cuya obra mantiene hoy una extraordinaria vigencia, denominó animus a la parte masculina de la psique de la mujer, y ánima a las cualidades femeninas de la psique del hombre. La polaridad masculina implica movimiento, es la acción de engendrar, de penetrar, la capacidad de explorar el mundo y de ir en busca de lo que se quiere. Es la iniciativa, la lógica, la mente. La polaridad femenina es la capacidad de entrega y de receptividad, la ternura, fecundidad, contemplación e intuición. El cuerpo frente al espíritu. El trabajo de integración de ambas polaridades se denomina «matr...