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El lado emocional de la Fertilidad

Lo cierto es, que las mujeres que hemos andado este camino hemos activado muchos mecanismos que, de otra manera, no hubiéramos siquiera imaginado que éramos capaces de llevar a cabo.
Lo que para muchas personas es lo “normal”: casarte—>tener hijos para muchas de nosotras ha implicado una gran cuesta arriba, un sube y baja de emociones, una lucha diaria, pero sobre todo un “algo” que nos impide avanzar de manera natural por la vida.
Socialmente, el proyecto de vida implica muchos “debería”: estudiar, trabajar, casarse, tener un hijo, luego dos o tres, ser buena ama de casa, buena hija, hermana, amiga… pero cuando este proyecto se ve interrumpido porque uno de los ingredientes aún no llega, comienza la acción.
Las preguntas de la gente (que muchas veces suenan a obligación) el hecho de que a nuestro alrededor otras mujeres cercanas a nosotros lo estén logrando “fácilmente”, el reloj biológico que no deja de avanzar, la necesidad de amar, proteger y guiar a otro ser humano, representan enormes recordatorios diarios de que debemos lograrlo: TENER UN HIJO.
En mi camino personal debo decir que también he experimentado emociones de todo tipo. ¿Qué me dirían las monjas de mi colegio si supieran que he sentido envidia, celos, rabia e incluso que he renegado de Dios?
Tener un hijo, dicho por muchos especialistas es una necesidad casi instintiva, biológica y mayormente social. Mi cuerpo está listo, mi mente lo desea y al mismo tiempo quiero conocer ese espacio del corazón que todos dicen que solo un hijo hace posible que exista.
¿Pero sabes lo que nos duele a las mujeres que luchamos por nuestra fertilidad?
Nos duelen los Baby Shower, los bautizos, pasar enfrente de un kínder, los pasillos del súper repletos de pañales y biberones, los comerciales de Gerber, las preguntas “¿y tú para cuando?”, las películas, los post de facebook que anuncian un nuevo embarazo, las miles y miles de carriolas en los centros comerciales, incluso ver mis propias fotos cuando era bebé y mi madre me llevaba en brazos…
El Programa Integral de Fertilidad
Pero siempre hay una recompensa. Después de mucho leer, entrar en foros, preguntar a mi médico, etc, encontré lo que parecía ser la luz al final del túnel: un espacio para analizar mis bloqueos emocionales. Ese libro de Niravi Payne “Mente sana embarazo seguro” parecía que manos mágicas lo habían puesto frente a mí. ¡Y que hablaba de mi! Era impresionante leer casos de mujeres que podían ser yo o que en algún capitulo de sus vidas se parecían tanto a mi… No era casualidad. Estudiar, entender y aplicar en mí misma todo este cúmulo de conocimientos iba a convertirse en mi puerta de acceso a ese hijo que tanto anhelaba.
Me di cuenta como la educación que mi abuela había inculcado en mi madre y mi madre posteriormente en mí influía. Como los progresos sociales –como el hecho de incluir a las mujeres en la vida laboral- había sido determinante. Como la relación con mi madre y con mi padre me habían hecho ver el mundo de cierta manera. Pero sobre todo, los miedos: el miedo a las relaciones sexuales plenas, el miedo a no ser una buena madre, el miedo a no estar cien por ciento preparada, el miedo a la cuestión económica, el miedo a perder mi libertad, el miedo a tener que dejar de trabajar… tantos y tantos miedos que, sin saberlo, estaban condicionando a mi cuerpo a concebir un hijo.
Pero al final pienso ¡qué bueno que los descubrí! Qué bueno que finalmente algo o alguien hizo “toc toc” en mi cabeza y me obligó a voltear hacia dentro y decir “¡aquí estoy, soy tu bloqueo, elimíname!” A pesar de todos esos momentos de llanto (no siempre atraviesas este camino sin compadecerte un poco de ti misma) a pesar de esos momentos de rabia, de tristeza, el trabajo emocional finalmente logra en ti un estado de sosiego que de otra manera no eres capaz de lograr.
La paz interior.    Esa sensación de estar haciendo algo por tu sueño.
Articulo escrito por: Psicólogo Pamela Castillo

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