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¿DEBEMOS LAS MUJERES ENSEÑARLES A LOS HOMBRES COMO SER PADRES?

Si elegir pareja hoy parece ser un real desafío encontrarse con un hombre que sea un gran compañero y además buen padre puede ser algo demasiado difícil de encontrar.
De seguro todas las mujeres a medida que vamos creciendo tenemos claro lo que nos gustaría tuviera nuestro futuro amor, que sea guapo o inteligente, que tenga mucho dinero, que no lo importe el dinero, que sea liberal, o que sea hogareño, bueno en la cama, o gran bailarín, que sea sensible, que no sea machista, que sea conservador, que no salga mucho o que me de mi espacio, la lista es larga y hay para elegir, de seguro algunas de nosotras agregamos el “que sea buen padre”. Pero cuantas realmente nos paramos a pensar en si nos imaginamos a ese hombre que es maravilloso como pareja, como padre?
Nadie nos pregunta si hemos pensado como sería como padre, quizás lo máximo que llegamos a elucubrar es “va a ser buen padre si le encantan los niños, o es súper protector conmigo”, todo parece marchar bien hasta que nacen loa hijos.
Y es que otra cosa es con guitarra, ninguna de nosotras o muy pocas visualizaron a su pareja criando, te lo imaginaste cambiando pañales, mudando a tu hij@, haciéndolo dormir, o paseandolo en un fular por la calle? Alguna vez hablaron de cuanto tiempo darías pecho? O de practicar o no el colecho? Bueno de seguro la respuesta es nunca lo pensé!
Sin embargo, ocurre que al nacer nuestros hijos y nosotras mujeres ahora madres con ellos, no solo debemos ocuparnos de aprender a conocer a ese nuevo ser que nos necesita a cada minuto ni reencontrarnos a nosotras mujeres en este rol de madre, sino que también muchas veces debemos además re conocer a este hombre que tenemos a nuestro lado en su nuevo rol de padre. Y vamos que todas sabemos que muchas veces esa es la tarea que mas nos cuesta desempeñar.
Conozco casos de mujeres que aman a sus parejas, que no se imaginan con ningún otro hombre en la vida, pero que reconocen, no sin cierta tristeza, “como pareja es un 7 pero como padre un desastre”. No nos resultan quizás familiares algunas de estas frases ” el ama a la gorda, se desvive para que no nos falte nada, pero el problema es que nunca está”, ” yo lo amo, pero pareciera que no estuviera casada porque estoy criando sola”, ” juega con el, lo hace dormir, pero trabaja demasiado, esta obsesionado con mantenernos”, “no tengo nada contra el como padre, lo que me molesta es su ausencia”, o “yo se que lo ama, pero lo que me revienta es que no se de tiempo de jugar a la pelota con el aunque sea una vez a la semana, para el computador siempre hay tiempo, pero parar el niño no”.
En nuestro vaivén hormonal, el cansancio y la alta demanda de nuestros hij@s solemos tener poca paz ciencia con nuestros compañeros que por alguna razón están menos en casa ahora que antes, preocupados a como de lugar en proveer mas y mejor y en cuidar el trabajo que mantiene a la familia, y es que eso fue lo que vieron, lo que aprendieron generación en generación.
Mientras tanto nosotras ya no soportamos su ausencia real en las etapas de nuestr@s hij@s, muchas quizás evocamos las experiencias con nuestros padres, nunca fue a mis reuniones, nunca me cuido cuando estaba enferma, no estaba en mis cumpleaños, llegaba tarde y se iba temprano… Y algo dentro de nosotras grita “yo no quiero que mi hij@ pase por eso!”. Tenemos pues al menos dos claras opciones, o entramos en una batalla campal con el exigiéndole tiempo, dedicación y presencia o simplemente, asumimos como nuestras madres que criaremos solas.
Pero hay una tercera opción, más cansadora y desgastante, una que dependerá mucho de nuestra capacidad de amar y nuestro equilibrio emocional, enseñarle a nuestros hombres a ser padres. Regalarle a es@ hij@ un padre y a ese padre un hij@, ayudarlo a comprender que el dïa de mañana lo que más recordará su hij@ no es cuantas horas extras hizo su padre para darle lo mejor, sino los partidos de fútbol del día sábado o los paseos del domingo, las tardes dedicadas a aprender a andar en bicicleta o los cuentos antes de dormir.
Y es que nosotras corremos con la ventaja que nuestro cuerpo nos regala altas dosis de oxitoccina para amar y conectarnos con lo realmente importante para nuestr@s hij@s ( y ojo que no siempre lo logramos), pero ellos, los padres no tienen eso, su ser mamífero los dirige al rol proveedor, muchos de ellos recién se dan cuenta que son padres y de lo importante que son para sus hijos al tercer o cuarto año de vida, antes de eso seguramente creerán que somos nosotras las locas que pedimos demasiado.
Ayudarlos a conectarse es una tarea titánica, no exenta de peleas o frustraciones, de llantos y malos ratos, quizás nos parezca que es demasiado para nosotras, pero pues, tal vez es por ahora la forma en que podemos ayudar a que nuestr@s hij@s tengan a sus padres a su lado, quizás este desafío nos resulte menos estresante si pensamos que nuestras hijas en su adultez buscarán como pareja a modelos similares a los de su padre y que los niños serán de adultos en gran medida lo que vieron en sus padres, visto así y dado ese amor incondicional que nos nace quizás este sea uno de los mejores regalos que podemos dar a nuestros hijos, desde el silencio, desde las sombras, sin volvernos ni enemigas ni observadoras pasivas, inventando, jugando, acompañando, conversando, involucrando, y teniendo una dosis extra de paz ciencia, pero por sobre moviéndonos desde el amor, amor que nosotras mismas, a nuestras parejas, pero sobre todos amor a nuestr@s hij@s.
extraído de http://www.mamadre.cl/ 

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