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¿Por qué los niños dan volteretas?

El primer sentido que desarrollamos es el sentido del equilibrio. Es vital para la postura, el movimiento y el sentido de “centro” en el espacio, el tiempo, el movimiento, la profundidad y uno mismo.

Todas las sensaciones circulan a través del mecanismo del equilibrio (sistema vestibular) en el nivel del tronco del encéfalo, antes de pasar a la región especializada del cerebro. Así pues,todos los sentidos de los que el niño dependerá para el aprendizaje están vinculados al equilibrio.

Para el recién nacido, la percepción y la moción son lo mismo. No es consciente de que sonido y movimiento, visión y tacto son sensaciones distintas, ya que para él todas se fusionan en una sola experiencia o sentimiento. La moción es el primer lenguaje del niño y cuanto más elocuente sea en su lenguaje primario, más rápidamente desarrollará sus capacidades de expresión, exploración y desarrollo.

La estimulación de los mecanismos de equilibrio es una parte integral del crecimiento del embrión desde el momento de concepción. Siente cada movimiento que hace la madre, dentro del entorno protegido del útero. Después del nacimiento, los sentimientos continúan percibiéndose a través de un vasto repertorio de patrones de movimiento, desde estar tumbados, dar patadas, dar vueltas, sentarse, a gatear y arrastrarse, a andar, correr, brincar, saltar, balancearse, rodar y dar volteretas. Se harán las conexiones entre el aparato vestibular y los centros superiores del cerebro a través del movimiento. Al mecanismo de equilibrio, al cerebelo y al cuerpo calloso les lleva de 7 a 8 años mielanizarse; durante estos años tempranos, la estimulación vestibular será el ingrediente natural en cada juego del niño.




El bebé empieza con la repetición constante de movimientos de brazos y piernas, practicando la extensión y la flexión de los músculos y entrenando la coordinación oculomanual.

El pequeño de ocho meses que rueda hacia delante y hacia atrás en el suelo sin un objetivo concreto, está preparando su equilibrio para sentarse, levantarse y finalmente andar. En lo que a él respecta, cuando se mueve, el mundo se mueve con él y cuando él para, el mundo permance quieto una vez más. Gatear es, por lo tanto, un puente importante, que le capacita para combinar el sistema vestibular, el propioceptivo y el visual por primera vez. El andar no aumenta solamente la movilidad, sino que también permite mantener la independencia de las manos. Estos son los primeros niveles de aprendizaje, que deberá practicar e integrar con los otros sistemas. Por lo tanto, durante los primeros años, el movimiento es el vocabulario primordial y el lenguaje está basado en el cuerpo. El control voluntario del movimiento sólo se puede desarrollar a través de la ampliación de los horizontes del movimiento.

El niño de 3 a 6 años que está constantemente brincando, dando vueltas y saltando, mientras avanza por la calle, todavía está aprendiendo a controlar su equilibrio, ya que el nivel más avanzado de equilibrio es el poderse mantener quieto. La acción de No-movimiento requiere funciones de todo el cuerpo y requiere que los grupos de músculos operen en conjunto sin ajustes contínuos: significa el logro del control postural maduro. El niño que no puede permanecer quieto, instintivamente sabe que su equilibrio todavía necesita práctica. El que no puede mantenerse en la acera cuando ve un muro bajo a lo largo de ésta, y debe subirlo y bajarlo una y otra vez, está entrenando su control muscular, la percepción de la profundidad y la integración visual motora. Hacer la rueda o dar saltos mortales facilita todavía más la separación del movimiento de otras sensaciones, ya que sólo cuando el niño tenga control del movimiento podrá poner atención a otras experiencias.


La hiperactividad y el déficit de atención pueden ser dos signos de inmadurez de la función del sistema vestibular. Como padres, madres y profesores, tendemos a implorar que nuestros niños hiperactivos “se estén quietos” y “se sienten bien”. Se ha comprobado que a los niños hiperactivos que se les permite dar vueltas durante 30 segundos en ambas direcciones, muestran un aumento de su límite de atención de 30 minutos después del ejercicio, lo que nos sugiere que necesitan estimulación vestibular para “poner su cerebro en marcha”.

Nuestros ojos funcionan desde el circuito vestibular del cerebro. Nuestros oídos comparten el mismo nervio craneal y el sentido del tacto está íntegramente vinculado al sistema vestibular a través del movimiento de las células ciliares, cuyos receptores están localizados en la dermis de la piel. Si el movimiento es el primer lenguaje del niño, las sensaciones son el segundo. Sólo cuando la moción y las sensaciones estén integradas, podrán entonces desarrollarse plenamente las habilidades del habla, la escritura y la lectura.

Cuando nuestros niños y niñas dan vueltas y giran, están concentrados en su primera lección.


ShravanSamurai
Sally Goddard Blythe

Institute for Neuro-Physiological Psychology (Australia)

Artículo original publicado en la revista First Steps.

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