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Los miedos infantiles Por Yolanda Gonzáles

Publicado en la Revista Max Mara. Ayuntamiento de Bilbao.

Nuestros hijos, tienen miedo? Qué es el miedo y para qué sirve? Qué podemos hacer con él? Estas son algunas de las preguntas más habituales, tanto en la consulta privada como en las Escuelas de padres-madres.
¿Qué es el miedo, que tanto miedo nos da?
No nos agrada que nuestros hijos, sientan miedo. Pero en si mismo no es negativo. Además, como padres y educadores, sabemos que no es propiedad exclusiva de los más pequeños. De hecho es tan antiguo como la vida misma.
El miedo, cumple una función de supervivencia. Es un instinto básico y por tanto es natural. Ese miedo, puede vivirse ante un hecho real o imaginario, pero no debe negarse si el niño-a lo manifiesta. Porque, para el pequeño-a, es una vivencia real.
Miedos habituales:
Los niños pequeños, tienen miedos a todo aquello que sienten que puede poner en peligro su integridad emocional o física, más allá de que nos parezca o no razonable a los adultos. Los más habituales, son:
  1. El fuego.
  2. La agresión (ser pegados o castigados)
  3. El abandono de los seres queridos (éste es el más importante para su integridad emocional)
  4. A lo desconocido (A lo nuevo, si no hay presencia que asegure)
  5. A la oscuridad (necesitan de nuestro acompañamiento)
  6. A los fantasmas, monstruos (La t.v. es muchas veces la causa directa de escenas impactantes. Ningún menor de tres años, debiera estar ante la T.V. No la necesitan y no están maduros para integrar las imágenes).
  7. A los animales (algunos niños adoran a los animales. Otros los temen. Es importante, la actitud tranquilizadora y positiva del adulto)
¿Qué hacer ante el miedo?
Lo primero de todo, contactar con nuestros propios miedos y analizar si consciente o inconscientemente, se lo transmitimos.
En segundo lugar, nunca negar su miedo. No somos quienes para poner en duda su sentimiento, independientemente de la edad que tengan. NO se debe humillar la vivencia del miedo, aunque no se entienda.
En tercer lugar, empalizar y dar seguridad con nuestra actitud corporal, tono de voz, afecto y sobre todo presencia, si la requieren.
No debiéramos de negarles nuestra compañía. Es lo única que les da seguridad, y desde ahí podrán superarlo con la edad. Por supuesto, que no utilizar historias de miedo (“si te portas mal, vendrá…” o “ no te querré”, para lograr obediencia. Tampoco contar historias de miedo o terror.
Conclusión
En definitiva, tenemos que comprender que, muchos miedos son fruto de la vivencia natural de inseguridad, propia de su inmadurez psicoafectiva. Necesitan nuestro apoyo y afecto, independientemente de su edad. No se trata de endurecerlos, sino de acompañarlos en su crecimiento, con empatía, amor y muchas dosis de paciencia.

Yolanda González

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