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Ciclo de la Violencia de Género



Todo comienza con una parte invisible o silenciosa que puede durar desde 1 a los 10 años de convivencia. Se inicia siempre de forma sutil, invisible a los ojos de la mujer. En estos comienzos se aprecia un exceso de control por parte del hombre hacia su pareja, que ella suele confundir con celos, con una preocupación excesiva por su parte o, incluso, como signos de un gran amor hacia ella. Esta actitud controladora se evidencia en muchos aspectos (su forma de vestir, su trabajo, control de sus gastos, control de salidas y de las amistades, intentos de separación de su familia) así como humillación o menosprecio de las cualidades o características de la mujer, intentando dejarla en muchas ocasiones en ridículo, A veces, delante de los demás, y en la mayoría de los casos, en la intimidad del hogar. De forma que va consiguiendo que ésta vaya perdiendo poco a poco su autoestima, su autonomía e incluso su capacidad o reacción o defensa ante esta situación.

El comportamiento agresivo  va aumentando en frecuencia en intensidad, hasta que uno de los miembros de la pareja decide consultar o pedir ayuda, ésta se convierte en la fase visible. Donde muchos/as se enteran de la situación por la que están pasando. Muchas de ellas, se encuentran que no son creídas, dado que algunos de estos maltratadores suelen comportarse fuera de los muros del hogar de forma admirable, siendo, a los ojos de la sociedad, “el marido perfecto”

El carácter cíclico de la violencia ayuda a explicar por qué muchas mujeres no salen de esta situación y la viven durante muchos años. La violencia generalmente no es constante, y se acompaña por actitudes de arrepentimiento y cariño.

Lenore Walker (2000) desarrolló el modelo del ciclo de la violencia para explicar las fases por las cuales pasan las parejas cuando la violencia está instaurada en su relación.


Fase de acumulación de tensión.Aumenta la tensión en la pareja, la persona agresora, a menudo, se vuelve más crítica y aumentan sus dudas sobre las posibilidades de que su pareja le abandone o de que le esté engañando. Estos ataques suelen ser vistos por la mujer como episodios aislados que puede controlar y que acabarán por desaparecer. Todo esto hace aumentar la tensión que conduce a episodios de amenazas e insultos. La víctima puede pensar que la situación cambiará intentando diferentes estrategias para calmar a su pareja. 
 En esta fase los actos o actitudes hostiles hacia la mujer se suceden, produciendo conflictos dentro de  la pareja. El maltratador demuestra su violencia de forma verbal y , en algunas ocasiones, con agresiones  físicas, con cambios repentinos de ánimo, que la mujer no acierta a comprender y que suele justificar, ya que no es consciente  del proceso de violencia en el que se encuentra  involucrada. De esta forma, la víctima  siempre intenta calmar a su pareja, complacerla y no realizar aquello que le moleste, con la creencia de que así evitará los conflictos, e incluso, con la equivoca creencia de  que esos conflictos son provocados por ella,  en algunas ocasiones. Esta fase seguirá en aumento.

Fase de explosión o agresión.La situación estalla en forma de agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales. En este marco, la mujer comienza a reconocer que la agresividad de su pareja aumenta independientemente de los intentos que ella haga por calmarle.  En esta fase el maltratador se muestra tal cual es y se producen de forma ya visible los malos tratos, tanto psicológicos, como físicos y/o sexuales.

Fase de calma, reconciliación o luna de miel.El agresor pide perdón a la mujer, le dice que está muy arrepentido y que no volverá a pasar. Utiliza estrategias de manipulación afectiva para intentar que la relación no se rompa, como darle regalos, hacerle promesas o mostrarse cariñoso. Muchas veces la mujer cree que el agresor realmente quiere cambiar y le perdona. Esta situación que se puede prolongar durante años puede provocar confusión en la mujer, pues las recompensas le hacen recordar el periodo inicial de la relación cuando no había violencia. La persona que agrede sabe que excedió los límites y trata de arreglar la situación. Por lo tanto, busca convencer a la víctima de que ella es la única que puede cambiar y de que el amor lo arreglará todo.

Por lo tanto tras los episodios violentos, el maltratador suele pedir perdón, mostrarse amable y cariñoso, suele llorar para que estas palabras resulten más creíbles, jura y promete que no volverá a repetirse, que ha  explotado por “otros problemas” siempre ajenos a él. Jura y promete que la quiere con locura y que no sabe cómo ha sucedido. Incluso se dan casos en los que puede llegar a hacer creer a la víctima que esa fase de violencia se ha dado como consecuencia de una actitud de ella, que ella la ha provocado, haciendo incluso que ésta llegue a creerlo. Con estas manipulaciones el maltratador conseguirá hacer creer a su pareja que “no ha sido para tanto”, que “sólo ha sido una pelea de nada”, verá la parte cariñosa de él (la que él quiere mostrarle para que la relación no se rompa y seguir manejándola). 
La mujer que desea el cambio, suele confiar en estas palabras y en estas “muestras de amor”, creyendo que podrá ayudarle a cambiar. Algo que los maltratadores suelen hacer con mucha normalidad “pedirles a ellas que les ayuden a cambiar”. Por desgracia ésta es sólo una fase más del ciclo, volviendo a iniciarse, nuevamente, con la fase de acumulación de la tensión.

La resistencia de la mujer dentro del ciclo de la violencia.

A pesar de la utilidad del modelo del ciclo de la violencia para entender la estructura sumisión-dominación en la cual la parte dominante ejerce control por medio de la violencia sobre la otra parte que se queda sin salida para escapar. Posteriores análisis como el de Leonor Cantera (2013) destacan que la presentación de este esquema teórico no muestra los posibles momentos de resistencia y cuestionamiento en los cuales las víctimas buscan activamente oportunidades de cambio

Por lo tanto, es necesario un enfoque que reconozca la capacidad de resistencia de las personas que sufren maltratos y de la urgencia en concebir a esas personas como sobrevivientes y no solamente como víctimas.

 * Servicio Telefónico de Orientación y Apoyo a Mujeres en situación de Violencia Doméstica 0800 4141 o  *4141

Alencar-Rodrigues R. y Cantera, L.M. (2013). Intervención en violencia de género en la pareja: el papel de los recursos institucionales. Athenea Digital, 13(3), 75-100.



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